Podrías denominarlo el "mega-drama" cósmico. Podés presenciarlo en el amanecer de cada día y en cada solsticio de invierno, con cada hálito de vida, cada llanto de un recién nacido, cada hoja de pasto que se abre paso a través de la tierra, cada destello de genialidad, cada pincelada de belleza, cada decisión de hacer el bien frente al mal, de construir donde otros destruyen, de hacer avanzar a la humanidad cuando otros nos impulsan hacia el caos. Todos estos "mega-dramas" cósmicos, y muchos más, son en sí una historia de Janucá.
Un poco de historia
Uno pensaría que los judíos y los antiguos griegos se iban a entender. Después de todo, tenían mucho en común. Ambos valoraban la sabiduría y la belleza. Muchos filósofos griegos llegaban a reconocer una única, gran mente detrás de todo el universo, similar al monoteísmo judío.
Bueno, de alguna manera lo lograron. Desde los tiempos de Alejandro de Macedonia los judíos toleraron la dominación griega. Muchos judíos estudiaron filosofía helenística y el rey Ptolomeo hizo traducir la Torá judía al griego. Pero, cuando el rey Antíoco trató de "hacernos tragar" el helenismo, ahí nos rebelamos.
Antíoco prohibió la circuncisión ritual. Desafiando esta orden las madres abiertamente hacían circuncidar a sus hijos varones. Antíoco prohibió respetar el Shabat. Los judíos fueron obligados a dejar Jerusalén para poder respetar la santidad del día de descanso. Antíoco prohibió el estudio de la Torá como texto sagrado. Los judíos encontraron formas de enseñar, en secreto, a niños y adultos. Pero cuando los griegos erigieron ídolos en los pueblos y las ciudades y exigieron que los judíos los adoraran, se desencadenó una guerra total.
Fue la primera vez en la historia en que un pueblo no luchó ni por su país ni por sus vidas, sino por sus creencias y su derecho a la libertad religiosa.
El problema fue que el ejército sirio-griego era el más poderoso del mundo. Sus soldados marchaban en una compacta formación de escudos superpuestos, con largas lanzas, casi invencibles en aquellos tiempos. Ellos disponían de armas muy desarrolladas, estaban sumamente entrenados e incluso llegaron a traer elefantes a los campos de batalla. Por otra parte, la resistencia judía comenzó con un puñado de hermanos de la clase sacerdotal, que se autodenominaban macabeos.
Hubo muchos actos de coraje, pero los macabeos creyeron firmemente que su victoria provenía del Altísimo. Finalmente, recibieron una señal de que así era: cuando reconquistaron Jerusalén y el templo, buscaron y encontraron una única vasija de aceite de oliva puro; justo lo que se necesitaba para encender la sagrada Menorá. Si bien la vasija solo contenía suficiente aceite de oliva como para arder durante un único día, milagrosamente la luz de la Menorá ardió durante ocho días completos, dando así el tiempo justo para preparar aceite nuevo. Para el pueblo judío, esto fue como una señal del Altísimo que sí, que Él estaba con nosotros a cada paso.
Encendido público de la Janukía que año tras año nos ilumina en la Plaza Irlanda